La fe es más que la capacidad de creer, es también el contenido de lo que se cree. Si vamos a afirmar, tenemos que afirmar algo. No es posible afirmar a secas, y si vamos a afirmar algo y creer es necesario que haya algo que creamos o en qué creamos. Estos dos aspectos tienen que entrar en nuestra definición de la fe: el creer y lo creído. También podemos hablar de la fe “subjetiva” y de la fe “objetiva”. La fe subjetiva se refiere al hecho de creer; a veces cuando digo que tengo fe lo que quiero decir es “creo”. La fe objetiva es lo que creemos, es el contenido de lo que creemos.  En este curso no pondremos mucho énfasis sobre la psicología de creer; más bien el énfasis estará sobre el contenido de lo que creemos.

Sin embargo, tenemos que notar la íntima relación entre estos dos aspectos de la fe. La verdadera fe, en los dos aspectos –subjetiva y objetiva- es producto de la Palabra de Dios. Pablo hace referencia a esto en su carta a los Romanos, en su capítulo 10, versículo 17, donde dice “así que la fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios”. La Palabra produce la fe en nosotros, o sea, una sincera convicción, y, a la vez, lo que la Palabra enseña debe ser el contenido de nuestra fe. En términos de la Biblia, ésta es la única fe verdadera, tanto subjetiva como objetivamente. Podemos definir la fe como una sólida convicción, provocada en el corazón por la Palabra de Dios, como obra del Espíritu Santo, de la verdad del evangelio, y una confianza segura en las promesas comunicadas en él.

La fe tiene tres elementos: lo intelectual, lo emocional, y lo volitivo. Una fe no es verdadera ni completa sin estos tres elementos. La investigación de cada uno de estos elementos nos dará un mejor entendimiento de la fe. La fe es una actividad del ser humano en su totalidad y están involucrados los distintos aspectos de su ser. Ningún aspecto funciona aisladamente, sino cada uno está involucrado en los otros. No debemos hacer resaltar un aspecto a expensas de los otros. Los tres elementos siempre están en una relación mutua. Podemos decir que se penetran mutuamente. Sin embargo, para entender la fe conviene hablar de sus elementos por separado, pero siempre recordando que no vienen por separado.

El elemento intelectual tiene que ver con el conocimiento. No hay fe sin conocimiento. Aunque es seguro que la fe es más que una mera aceptación o asentimiento intelectual de la verdad, es seguro también que un elemento indispensable de la fe es un conocimiento de la verdad revelada en la Palabra de Dios. Podemos decir que la fe presupone un conocimiento del contenido o mensaje de la Palabra. No se debe pensar que este  conocimiento implique una completa comprensión de la Biblia, sin embargo se tiene que saber las enseñanzas principales de ella. Tampoco se debe pensar que basta con el enterarse de algo de la información en ella contenida. Es necesario también una fuerte convicción en cuanto a la verdad de lo que en ella se enseña.

El elemento emocional es más que una sentimentalidad en cuanto a cosas religiosas; es más bien la convicción de que uno está personalmente involucrado en la verdad que se conoce. El que cree está consciente de su interés personal en la verdad; reconoce que esta verdad le afecta vitalmente y responde con un asentimiento de todo corazón. Este elemento se experimenta principalmente como una confianza, una seguridad y una esperanza, pero también como un contentamiento, satisfacción y un profundo gozo.

El elemento volitivo involucra la voluntad y tiene que ver con nuestra entrega a las verdades de la Biblia y, aún más, al Salvador revelado en ella.  Este elemento de la fe tiene que ver con la decisión, cuando decidimos entregarnos a la verdad que ya sabemos. La decisión se toma en base al conocimiento y es una experiencia emotiva. Los tres elementos, mutuamente relacionados, hacen la verdadera fe. Por el tipo de curso en que se empleará este escrito, vamos a hacer énfasis sobre el primer elemento – el intelectual-, pero siempre tenemos que recordar que sin los tres la fe no será auténtica, y el estudio de un elemento sin su relación con los otros no nos dará el buen entendimiento de la fe. Sin embargo, lo que vamos a exponer en estas lecciones es básicamente el contenido intelectual de nuestra fe, la fe cristiana.

La fe cristiana, la fe salvadora, siempre es una respuesta. Nuestra decisión, una expresión de nuestra voluntad, la confianza y amor que sentimos, junto con nuestras creencias mismas, o sea, los “artículos” de nuestra fe, todo es una respuesta a la Palabra de Dios, o a la predicación de esta Palabra. Ya hemos visto que Pablo, en su Carta a los Romanos, dice que “la fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios”. Nosotros no decidimos de la nada creer en Dios y en su Palabra, sino más bien es Dios mismo, por  medio de su Palabra quien provoca en nosotros la fe. El mismo Apóstol Pablo dice a los Efesios (2:8) que la fe no es de nosotros, pues es don de Dios. Tenemos que pensar en la fe, entonces, no como un producto de nosotros, sino más bien como algo producido en nosotros por la Palabra de Dios o, como ya hemos dicho, como una respuesta a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios, entonces, es indispensable para el concepto cristiano de la fe. Vemos la Palabra como algo vivo y eficaz… que penetra hasta partir el alma y el espíritu (Hebreos 4:12). La Palabra es activa y poderosa, y es la causa de la fe en todos los que creen. Si tenemos fe, tenemos que dar las gracias a Dios por ello porque El nos la ha dado, por medio de la Palabra.

La fe incluye tanto el creer  a como el creer en, y los dos conceptos están íntimamente relacionados. El creer en tiene que ver con la disposición de nuestra confianza. Depositamos nuestra confianza en una persona o en nuestros principios y nos entregamos a esta persona o a estos principios. El creer a es aceptar como verdad todo lo que nos dice la persona en que tenemos esta confianza. Nuestra fe es en Dios, y por eso creemos todo lo que nos dice. El contenido de lo que creemos es lo que Dios nos comunica en su Palabra.

Es muy claro entonces que tenemos que empezar nuestro estudio con una consideración de la Palabra de Dios, la Biblia. Y esto lo haremos, Dios mediante, en la siguiente lección. Terminamos esta lección con una definición de la fe. No es completa, pero sí es útil para que sepamos de lo que hablamos. Podemos decir que la fe es  una sincera convicción, operada en el corazón mediante la Palabra, como obra del Espíritu Santo, respecto a la verdad del evangelio, y una confianza sincera en todo lo que Dios nos comunica. En la siguiente lección estudiaremos lo que Dios dice de la Biblia, porque en ella nos da el evangelio y sus promesas, tanto como nos da conocimiento de El y de todo lo que debemos creer.