La religión es la respuesta del ser humano a la revelación de Dios. Por su pecado, no obstante, el ser humano que no tiene la revelación especial de Dios, responde erróneamente a la revelación general. Lo hace, a veces, por equivocación, pero normalmente lo hace  adrede, de rebeldía De hecho, toda respuesta a la revelación general que no es corregida y guiada por la revelación especial es errónea.

La principal razón, por supuesto, es la pecaminosidad del ser humano. Siempre tuerce la revelación general, aunque reconozca tenues chispas de sentido en ella, para no confrontarse con sus enseñanzas. Siempre la entenderá de una forma inadecuada y distorsionada a menos que su entendimiento sea enderezado por la revelación especial. Otra razón es que la revelación general nunca fue intencionada por Dios para ser la única revelación. Antes del pecado, Dios comunicó personalmente con el ser humano en una revelación especial; y esta revelación, muy especial, servía desde la creación como el indispensable suplemento a la revelación general.

El ser humano no puede optar si va a responder o no a la revelación general. Es parte de su naturaleza. La revelación ahí está, y su alma tiene que responder. No es opcional. Tal como el ojo no opta reaccionar a la luz, ni el oído al sonido, tampoco el sistema digestivo a la comida, así aunque no opte responder a la revelación general, no puede evitar el hacerlo. Sin embargo, su reacción, su respuesta, siempre es incompleta, deficiente, mal enfocada,  desacertada y falsa, a menos que sea completada, enmendada y rectificada por la revelación especial de Dios.

El ser humano fue creado religioso; esto es, fue creado para responder a la revelación de Dios, tanto a la general como a la especial. El apóstol Pablo dice que esto es “la ley de Dios escrita en el corazón” (Rom. 2:15). Desde su creación necesita las dos revelaciones. Por más que se pudiera negar ser religioso, cada ser humano lo es, por su naturaleza. Los que dicen que no tienen religión se engañan. La tienen, pero no saben cual es, ni cuales son sus doctrinas, aunque seguramente las tienen. Estas pueden ser en forma negativa, en el sentido de que tiene fe en la no-existencia de Dios, por ejemplo, o en la supuesta imposibilidad de la revelación, aunque en los dos casos toda la prueba va en su contra. Sin embargo, el hecho de que estén en forma negativa no cambia el hecho de que son doctrinas, y artículos de fe.

A veces se habla de una “teología natural” y  una “religión natural”, o sea, una teología o de una religión basada solamente en la revelación general y la razón humana. Pero, ya vimos, tal teología es imposible; cada intento fracasará. Y hay muchos intentos. Cada religión que se basa en tal “teología natural” es falsa. Como las maneras de equivocarse son ilimitadas e innumerables, hay tantas religiones falsas como hay personas que no aceptan la Palabra de Dios, o sea, la revelación especial. A veces nos preguntan, como si tuviésemos la obligación de explicar, ¿por qué hay tantas diferentes religiones en el mundo? La respuesta es doble: (1) porque todo ser humano tiene religión, pues, no puede evitar tenerla, y (2) las maneras de equivocarse no tienen límites y cada una, si responde a la revelación general sin la revelación especial, va a equivocarse a su modo, y en su propio estilo. La presencia de la religión en todos los pueblos, naciones y tribus testifica la universalidad de la religión en el ser humano. Aunque algunos fingen no tener religión, siempre creen en algo, aunque, como ya hemos vista, lo hagan en forma negativa.

Es la naturaleza de la religión creer en algo. Y todos cree en algo. La pregunta no es si uno cree, sino ¿en que cree? Si cree en algo, tiene fe. Todo se humano, entonces, tiene fe. No es necesariamente la fe correcta. Si no está informada por la revelación especial no es la fe correcta. Si la fe es creer en algo, entonces no hay fe sin contenido. No se puede creer sin creer algo (o en algo o  en alguien).

Esto es otra forma para decir que cada fe tiene un “credo”. Y decimos esto en un mundo en que muchos dicen (hasta cristianos) que no aceptan los “credos”. “Credo viene del latín y es la forma de decir “creo”. La forma antigua para decir “creo” era “credo”. (El proceso histórico fue credo > cre(d)o > creo). Decían “Credo en Dios Padre”. Por eso, pusieron el nombre de “Credo”.

La fe es la única respuesta aceptable a la revelación Dios, es decir, la fe determinada en su expresión y su contenido por la misma Palabra de Dios. La fe es una actividad y un contenido. Cuando tenemos “fe “creemos”, es decir, aceptamos algo como verdad y le tenemos confianza. Esta es la actividad: es la fe como actividad de creer. Sin embargo, la palabra “fe” también se refiere a lo que creemos. Esto es nuestro “credo”. Debemos saber el contenido de nuestra fe. Los dos aspectos van juntos, aunque a veces se hace más énfasis en la fe como actividad, como si fuera posible salvarse por la pura actividad de creer, sin entender bien lo que se cree.

En estas lecciones, por la naturaleza del curso, el énfasis está en el contenido de la fe, en lo que hemos de creer para ser cristianos. El énfasis no está en la psicología del creer, aunque pudiera ser importante también, sino el énfasis está en la sustancia y la precisión de nuestra fe.

El Credo

Desde muy temprano en la historia de la iglesia se empezaron a usar resúmenes de las enseñanzas bíblicas para preparar a los prospectivos miembros de la iglesia, a fin de que pudieran tomar una decisión bien fundada para afiliarse con la iglesia cristiana. Ya que en estos resúmenes casi siempre la primera palabra era “credo” (yo creo) entonces llegaron a tener el nombre de “Credo”. Cuando los “candidatos” (catecúmenos) se preparaban no más lógico es que estudiaban su “Credo”. Cada iglesia, al principio, tenía el suyo, pero pronto casi todas las iglesias usaban el mismo, aunque con pequeñas variaciones. El Credo más usado y el que se ha usado por más tiempo es el “Credo de los Apóstoles”. Quizá  no sea el primer credo, pero fue el primero para entrar en el uso casi general en toda la iglesia. Este es el “Credo” que vamos a usar para fijar el contenido de nuestra fe. (En este punto el alumno debe leer, revisar y hasta aprender de memoria el Credo de los Apóstoles).[1]

La estructura misma del Credo nos indica su principal enseñanza. Está dividido básicamente en tres partes (aunque son 12 artículos). Las tres partes corresponden a la Trinidad: Padre, Hijo, Espíritu Santo. La doctrina de la Trinidad es la enseñanza básica del Credo.

El Credo tiene razón porque así Dios se ha revelado a nosotros, como un Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es una doctrina que trasciende la comprensión humana. No es irracional, sino supra-racional. La Biblia es la auto-revelación de Dios; en ella Dios mismo se descubre a nosotros, nos dice cómo es. Tenemos que aceptar su revelación y hacer el intento de entenderla. Si Dios dice “Así soy”, tenemos que responder diciendo, “Sí, Señor, así eres”. Si Dios se nos revela como Dios Trino, tenemos que creer en la Trinidad.

Por supuesto, no podemos explicar la Trinidad, pues Dios, nuestro Dios, el Dios de la Biblia, es un Dios que se conoce por la fe, por su propia auto-revelación, y solamente de esta manera. No es el Dios de la imaginación, de la razón, ni de los sentimientos, sino es el Dios que habla, y lo conocemos cuando nos habla y en lo que dice. Si tenemos fe, esto es, si creemos lo que nos dice, entonces conocemos a Dios. Si no tenemos fe, y no creemos lo que Dios dice, no conocemos a Dios, y así nunca lo vamos a conocer.

Aquí no es el lugar para hacer un estudio sobre la doctrina de Dios y la Trinidad, pues, aunque, es un estudio largo y profundo, y seguramente de mucho provecho, no está dentro de los limites de este curso hacerlo.[2] Sin embargo, no cabe duda, un buen conocimiento de Dios, derivado de su propia revelación, es uno de los elementos más poderosos para establecernos en la fe cristiana. El estudio de la revelación de Dios en cuanto a Si Mismo hará que nuestra fe sea más robusta, inteligente y práctica. El que conoce bien a Dios tiene más comunión con El, y, por eso, tiene una vida espiritual más satisfactoria y vital.

La doctrina de la Trinidad es de suma importancia porque la salvación que la Biblia nos presenta es obra del Dios Trino. El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son igualmente activos en efectuar nuestra salvación. Cada una de las tres personas juega un papel esencial en la salvación del pueblo de Dios. Sin la actividad de una de las tres, no hay salvación, según la manera de la Biblia de presentar la salvación. Aquí tenemos que recordar, la Biblia, la auto-revelación de Dios nos cuenta las actividades de cada una de las tres personas en la realización de nuestra salvación. No podemos saber de esta salvación sin saber de las obras de la Trinidad, y sin el conocimiento de esta salvación, tal como está revelada en la Biblia, no la podemos tener. Sin la obra del Dios Trino, no hay salvación; no hay pueblo de Dios.

Es importante recordar que Dios se conoce exhaustivamente, a la perfección, sin lagunas e infaliblemente. Y es el único que así se conoce, y así se revela. Todo supuesto conocimiento de Dios que no viene de esta fuente ha de ser pura especulación. Esto es importante recordar cuando discutimos con personas que no creen en la Trinidad (los Testigos de Jehová, por ejemplo). ¿Cuál sería la fuente de su afirmación que Dios no es Trino? ¿Tendrán un conocimiento que no viene de lo que Dios dice de Sí Mismo? La especulación humana, aunque unida con la razón y los más puros sentimientos, no es suficiente para pronunciar juicio sobre la Trinidad, ni en su contra, ni en su favor. La única fuente es el conocimiento de Dios, revelado a nosotros en su Palabra. Toda otra fuente es parcial, distorsionada, inadecuada, insuficiente y falsa. Conocemos a Dios porque Él Mismo se nos revela, y se nos reveló como Dios Trino.

El Credo puede hablar del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo por separados porque la Biblia así habla. Las obras de cada persona son especificadas y descritas como obras de Dios. Esto porque cada persona es siempre y total e igualmente Dios, todas las personas a la vez. No hay jerarquía ni preferencias, sino una perfecta unidad en la sencia de Dios. Jehová nuestro Dios, Jehová uno es (Deut.6:4), y lo conocemos como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Este es el Dios, Único y Verdadero, de Quien Jesús dijo, el conocerlo es la vida eterna (Juan 17:3). Solamente nos da la vida eterna el conocer el Dios que se revela en la Biblia como Trino. Y lo conocemos en Cristo Jesús.

[1] Si el alumno quiere saber más sobre las enseñanzas del “Credo”, puede encontrar una exposición de este documento en un libro del autor de estas líneas. Está en el libro Comentario del Catecismo de Heidelberg (El Faro), páginas 19-69

[2] El alumno puede profundizarse en la doctrina de Dios con otro libro del autor de estas líneas. El libro es El Dios que adoramos, publicado por FLET