La iglesia es el conjunto de sus miembros. Como conjunto tiene tarea y obligaciones. Cada miembro también las tiene, y las vamos a estudiar más tarde. Aquí vamos a pensar en la iglesia como el conjunto de miembros, poniendo el énfasis en “conjunto”. Más tarde vamos a poner el énfasis en los “miembros”.

La iglesia como conjunto tiene que realizar su propósito, tiene que cumplir con su tarea, de la misma manera que cada miembro en particular tiene que cumplir con sus obligaciones. La iglesia como conjunto tiene que glorificar a Dios atendiendo a su pueblo y anunciando el evangelio a los que están fuera. La atención que da a sus miembros está en función de la iglesia misma para que, bien alimentada en la Palabra, a toda la iglesia, con todos sus miembros, pueda crecer espiritualmente. Una parte importante de ello es el de proveer la oportunidad para el crecimiento espiritual de los miembros glorificando a Dios en los cultos públicos  como una comunidad.

Para poder cumplir con su deber la iglesia necesita una organización. Una iglesia desorganizada no puede cumplir con su tarea. Cuando se estudia la doctrina de la iglesia,  se distingue entre la iglesia como organismo y como organización. La distinción es importante en el estudio de la teología de la iglesia, pero debemos recordar que la iglesia ni puede ser organismo sin una organización. Aquí vamos a estudiar cómo nuestra iglesia está organizada a fin de que sea eficaz y viva como organización.

Cuando hablamos de la organización, a fuerzas tenemos que hablar del gobierno de la iglesia. Es importante que recordemos que la organización o el gobierno no es un fin en sí. Más bien el gobierno está en función de la tarea de la iglesia, especialmente la de estar en servicio a sus miembros, sin olvidar, por supuesto, la de la obra misionera y evangelística. La iglesia no puede existir sin alguna forma de gobierno; el problema es el de encontrar la forma adecuada.

Hay varias formas de gobierno y cada una tiene sus partidarios. Nosotros, sin embargo, buscamos la forma que más cumple con el modelo bíblico. No obstante, nos es conveniente hacer repaso a las distintas formas.

Una forma que tiene pocos seguidores entre los estudiosos de la teología, pero en práctica es ampliamente difundida es la que se llama “erastianismo”. Esta forma usa el principio de que en un pueblo los oficiales de la iglesia y los de la comunidad son los mismos. Esta forma se da en muchas tribus llamadas “primitivas”, donde toda la comunidad o tribu es de la misma religión. Aunque no se anuncia así, ésta es una forma muy usada en muchas de las “etnias” de nuestro país. En otros países, donde el número de etnias es más grande aun se usa con más frecuencia. Suele dar muchos problemas para los evangélicos que quiere seguir una forma más bíblica. No lo hacen por haber hecho una reflexión teológica sobre el tema; más bien porque les parece más natural.

El sistema papal es el que se emplea en la iglesia Católica Romana. Allí la máxima autoridad es el Papa, el Obispo de Roma. Todos los oficiales, que mayormente son los obispos, tienen que obedecer al Papa. A veces se ve semejante al erastianismo, pero todo lo contrario, la autoridad de la iglesia gobierna también en el gobierno civil. En efecto, es una copia y perpetuación de la estructura del imperio romano. El individuo, que no sea del clero, no tiene inherencia en el gobierno, de hecho ni tiene membresía en la iglesia. La iglesia católica afirma que el Papa es el que toma el lugar de Pedro; tiene, según ella, la “cátedra de San Pedro” a quién, dice, Cristo le dio esta autoridad. Por eso los católicos llaman al Papa el “vicario de Cristo”, que nos parece una blasfemia. Para ella la iglesia no es, como afirmamos nosotros, el conjunto de los creyentes, o sea, los redimidos. Más bien, en este sistema la iglesia es la estructura de poder, la organización papal.

Algunas iglesias, como, por ejemplo, los Metodistas, los Anglicanos, algunos luteranos, y otros abogan por el sistema “episcopal”. La autoridad de la iglesia está en manos de los obispos (derivado de la palabra griega “epíscopos”). Los miembros de la iglesia no tienen en absoluto participación en el gobierno de la iglesia. El supuesto de este sistema es que los obispos son los sucesores de los apóstoles. Pero la Biblia no habla de sucesores de los apóstoles, ni que los apóstoles fueran la autoridad en la iglesia.

Existe también el sistema “congregacional”. Es la forma de gobierno que usan las iglesias independientes, las iglesias bautistas y, por supuesto, las congregacionales. En estas iglesias cada congregación es independiente y no tiene autoridad más que la congregación misma. El pastor, elegido por la congregación, funciona bajo la autoridad de ésta y tiene que someter sus decisiones a ella para que sean efectuadas. Los diáconos son nombrados por el pastor, sujetos a la aprobación de la congregación, para ayudarle en sus tareas, pero no tienen autoridad. El pastor es el anciano (o obispo). En efecto, en ese sistema, el pastor llega a tener la autoridad, aunque no sería formalmente reconocida, y mientras éste mantenga la aprobación de la mayoría de la congregación él seguirá en el poder. Este sistema de gobierno hace difícil la cooperación entre iglesias en proyectos que necesitan una cooperación más amplia. La obra misionera es un ejemplo, como también la educación de sus pastores, etc. Además, carecen de la disciplina que las iglesias y pastores necesitan de otros cuerpos eclesiásticos.

Nuestro sistema es el sistema “presbiteriano”. Presbítero (del griego “presbuteros) quiere decir “anciano”, y es sinónimo con “obispo” (ver I Tim. 3:1-7). Nuestros ancianos son los “obispos” y están encargados del gobierno de la iglesia. En las iglesias presbiterianas el conjunto de ancianos se llama la “sesión”. (Muchas veces llamamos este conjunto por el nombre “consistorio”, pero el consistorio es el conjunto de todos los oficiales de la iglesia, ancianos y diáconos.) Este “consistorio” es el verdadero “pastor” de la iglesia; tenemos un pastor colegiado. El gobierno, en el sentido estricto, está con los ancianos (los ministros de la Palabra [que llamamos “pastores] también son ancianos). Tradicionalmente se distinguían los ancianos “gobernantes” de los ancianos “docentes”, ya que tienen el mismo oficio (anciano) pero distintas funciones (de gobernar y de enseñar); sin embargo, en México, se decidió hace pocos años de no usar esta distinción y ahora se llaman a los ancianos que no son ministros de la Palabra “ancianos de iglesia”. No obstante, la idea es clara: los ministros de la Palabra no tienen autoridad especial para gobernar, sino para enseñar la Palabra. En cuanto a gobernar, el “pastor” es uno de los ancianos que tienen la autoridad en conjunto.

La base de esta autoridad es el llamamiento de Dios por medio de la elección al oficio por la congregación. En nuestra iglesia limitamos el tiempo de servicio a los oficiales a tres años. Una de las razones es la de hacer claro que la autoridad del oficial no reside en su persona, ni en su capacidad sino en su llamamiento por medio de la elección por la congregación. Podemos decir lo mismo en cuanto a los ministros de la Palabra: su autoridad para funcionar como pastor, junto con los otros pastores se basa en su llamamiento, efectuado por la congregación; sin embargo, cuando predica y enseña la Palabra, su autoridad se basa en la Palabra, y no en su persona u oficio.

Pablo dice que los ancianos tienen que vigilar por la grey. Los diáconos, por otro lado, sirven a la grey. No hay diferencia de dignidad ni de honor; sino más bien la diferencia es de función. Sin embargo, no podemos hacer una fuerte separación de funciones ya que ninguno de estos oficios puede funcionar sin el otro. Con todo y ello nos conviene emplear la distinción, pues nos orienta hacia las distintas tareas, actividades y funciones que hay (y debe haber) en la iglesia.

Es importante recordar que Cristo es el Rey de la iglesia: Él reina. Los oficiales de la iglesia gobiernan en su nombre, pero son elegidos por los miembros de la iglesia, a quienes son responsables. Decimos que la elección por los miembros de la iglesia es su llamamiento del Señor para gobernar en la iglesia. De hecho, preguntamos a ellos en público si interpretan  su elección por los miembros de la iglesia como el llamado del Señor para servir en sus puestos. Y tienen que responder públicamente que sí, así la interpretan.

El apóstol Pedro hace énfasis sobre esto, cuando habla a los oficiales, en I Pedro 5:3, y dice que tienen que vigilar por la iglesia no como teniendo señorío … sino siendo ejemplos de la grey. Al mismo tiempo, los miembros de la iglesia debemos saber que nuestro voto es parte del proceso y, por eso, tenemos que ejercer el privilegio de tener el voto con oración y sinceridad. También tenemos que aceptar a los oficiales como llamados por Dios para gobernar (¡¡no reinar!!) en la iglesia.

La autoridad de estos oficiales locales (el consistorio), en cuanto a lo eclesiástico, es original, pues son directamente elegidos por los miembros de la iglesia y, de esta manera, llamados por Dios a sus puestos. La autoridad de las otras asambleas es derivada de la autoridad de los oficiales de la iglesia local.

Nuestro sistema, que refleja el sistema bíblico, insiste en que las iglesias locales estén relacionadas con otras iglesias, para su mutua ayuda y disciplina. La primera de estas asambleas más amplias es, de acuerdo con nuestro vocabulario, el “presbiterio”. En otras iglesias la llaman conferencia o clásis. El presbiterio está compuesto de los pastores y un representante de las iglesias locales de una región o zona geográfica que voluntariamente se afilian al presbiterio. Tratan de asuntos que afectan las iglesias en común, y realizan  proyectos de varias índoles que sería imposible que  una iglesia emprendiera sola. También así las iglesias locales se vigilan y se disciplinan mutuamente, ya que las iglesias, igual que las personas, necesitan. Algunos de los asuntos tienen que ver con la preparación y acreditación de los pastores, publicaciones, obra misionera y evangelística, tanto como promover la atención a jóvenes y la cooperación entre las distintas sociedades etc.          

Las asambleas más generales, o más amplias, son los sínodos y la asamblea general. Funcionan de la misma manera que los presbiterios pero tratan con asuntos que afectan a todas las iglesias, y con proyectos que se pueden realizar solamente a este nivel. La recién publicación del nuevo himnario es un ejemplo de ello, como también las publicaciones y la educación teológica.

El acuerdo, en el que todos los oficiales, en nombre de sus iglesias, dan su apoyo en forma de compromiso para trabajar juntos de esta manera, se llama la constitución. Los representantes de las iglesias, en nombre propio y en el de su iglesia, dan su palabra, como solemne compromiso de cumplir con ella y que es la base práctica de su cooperación. La relación entre las distintas asambleas es como un sistema de cortes, en que cada instancia se somete la más amplia hasta llegar a la más amplia y general, que en nuestro caso es la asamblea general.